martes

Un cuentito

Esta historia, como todas las demás, gira en torno a las mentiras; porque en torno a ellas gira el mundo.

Esta es la historia de un hombre que comenzó su vida con una mentira y fue por una que la terminó.



Su padre, a la corta edad de cuatro años, le dijo que su madre había muerto el día que él nació y se lo reprochaba. Para fines prácticos, le daremos un nombre a este personaje, quizá "Carlos", quizá "Gonzalo", tal vez termine siendo "José", pero eso, como todo lo que se relaciona con él, es irrelevante.

Carlos creció solo con su padre, un hombre de carácter fuerte y gustos simples, sin más estudios que una educación secundaria, sin embargo alguien inteligente. Carlos veía a su padre como el hombre más recto y amable que había existido. Según había escuchado; su padre realizaba "inversiones" para vivir, él no conocía el significado de esa palabra, pero le gustaba escucharla y disfrutaba repetirla frente a sus amigos.

Leonel (padre de Carlos), disfrutaba sentarse a beber frente al televisor por las mañanas, discutir con desconocidos por las tardes e intentar dormir por las noches.

Carlos cumplió doce años a mediados de esta historia, no le faltaba nada ni le había faltado nada, como cualquier niño, Carlos disfrutaba comer dulces, le fascinaban, parecía incluso una adicción, pero gracias al dinero que su padre le proporcionaba, nunca le hacían falta. El hermano mayor de uno de sus amigos tenía los mejores y él los compraba.


Carlos vivía con su padre en una ciudad cuyo nombre no vale la pena repetir, no tenía hermanos, no quería tenerlos. Alguna vez envidió a otros niños, quienes presumían de tener siempre alguien con quien jugar, pero Carlos era muy solitario en ese tiempo y lo siguió siento hasta el momento en que, catorce años después, decidió quitarse la vida.



La madre de Gonzalo no murió cuando él nació, lo supo en su cumpleaños dieciséis cuando Leonel enojado, drogado y escupiendo, le gritó "Por palabras menos estúpidas tu madre perdió la vida, deberías callarte de una vez"

Leonel no "invertía" en nada, como Gonzalo lo había creído ingenuamente, Leonel era un hombre brillante, sí, era un estafador brillante, con un talento increíble para mentir, ganar apuestas y por supuesto, obtener inversiones que no iban a ninguna parte, de ahí la comodidad con la que vivían.

Los "dulces" que tanto disfrutaba y que extrañamente eran tan caros, no resultaron ser otra cosa que distintos tipos de antidepresivos. Oh, pobre Gonzalo, con solo dieciséis años, fármacodependiente, hijo de un estafador y asesino, pero un verdadero genio para mentir y por supuesto, para escribir. "No cabe duda que podrías lograr algo grandedecía su padre mientras leía lo que su hijo había escrito "espero que vivas lo suficiente para lograr algo"

Gonzalo aún admiraba a su padre.

Cierto día, cuando volvió a casa, fue recibido con la noticia de que Leonel había obtenido suficiente dinero como para librarse de sus deudas y temporalmente, llevar una vida más cómoda de lo normal y sin preocupaciones.

"Esperarán por siempre a que su inversión rinda frutos"

Tres días después, Leonel fue asesinado mientras lloraba la muerte de Celeste, como lo había hecho todas las noches desde el día en que la mató, ella fue la persona a la que más odió y la mujer a quien más amó, madre de Gonzalo.


José tuvo que ir a vivir con el padre de Celeste. Para evitar problemas, me referiré a él como "el abuelo". El abuelo no sabía cómo había muerto Celeste y ahora habían pasado más de cuatro años desde la muerte de quien le asesinó.

Más de cuatro años desde el día en que José entró a casa y su padre no le recibió.

Más de cuatro años desde que dejó la escuela y huyó con el dinero que le hizo perder a su padre.

Más de cuatro años desde el día en que tuvo que buscar a la única familia que aún tenía.

El abuelo aún trabajaba y podía mantener al drogadicto de su nieto y a sí mismo, el dinero de Leonel se había terminado hace un tiempo. Sí, el abuelo murió, pero sucedió mucho después del final de esta historia, no hace falta mencionarlo.

Fue después que todo comenzó a ser perfecto para José; obtuvo un trabajo en un periódico local y nunca se había sentido más feliz, su adicción había terminado y ahora no era más que un cuentista que escribía y publicaba en varios ejemplares, un cuento a la semana.
Así pasó bastante tiempo, con frecuentes cambios en su vida, sin nada digno de explicar, pero con una felicidad que no parecía terminar. Todo parecía una fantasía.

Y lo era.

Pasó el efecto de todo lo que había tomado, no sabía lo que sucedía. Carlos despertó frente a un hombre inconsciente en un lugar que no recordaba, con un arma junto a él, sobre la mesa de noche.

Fue entonces cuando entendió.
Fue entonces cuando entendí que había estado novelando mi vida.

Carlos rió.
Gonzalo rió.
José rió.

Yo reí. Me burlé.

Carlos tomó el arma. 
La puse dentro de mi boca pensando en las mentiras que había inventado para escapar de lo que nunca dejé de ser.
Gonzalo presionó el arma contra su paladar y tiró del gatillo.

Gonzalo murió. José murió. Yo morí.

Y Carlos despertó.

sábado

Dulces penas, dulce dolor y dulce tristeza

No ama a nadie, pero quiere que todos le amen. 
No ama, no quiere amar, para él, amar es mostrarse débil y ser dañado.
Nadie a quien amar es nadie a quien dañar.
No confía en nadie. Le miente a todos y por ello cree que todos le mienten. Entre sus mentiras, descubre que la verdad es un secreto a voces.
Para él todo es un juego, todo es una broma.
Al llegar era solo uno más entre los extraños, ahora sus palabras naufragan en el camino de su boca a tus oídos, como si las devorara el tiempo.
Sean palabras que se lleve el aire y sentimientos que se lleve nadie.

miércoles

Lo que hacemos mejor

No sabemos amar, pero sabemos jugar con las palabras y embriagar con su dulzura.
No nos enamoramos, no, eso sería un error, pero sabemos cuándo y a quién hacer creer que sí.
El amor es un verdadero mito para nosotros, creemos encontrarlo cientos de veces en nuestras vidas, pero seguimos dudando de su existencia.
No vemos la diferencia entre el amor y la comodidad, entre la alegría y la falsa felicidad.
Olvidamos sin problema, no perdonamos, nunca lo hacemos. Guardamos rencores que tarde o temprano nos empujarán al dolor.
Decimos buscar el amor, pero buscamos compañía. No podemos y no queremos apagar nuestra soledad.

¿Cómo puedes saciar una sed que siempre te ha acompañado? No lo haces, crees que sí, pero bebes agua salada.
Nada es como lo queremos, no nos conformamos con la realidad, pero tenemos claro que lo que buscamos no existe.

Nos mentimos una vez más.

Aquello que buscamos, lo vemos donde no está, pedimos demasiado y a cambio ofrecemos mentiras.
No tenemos nunca lo que queremos, tenemos lo que podemos obtener, nos obligamos a pensar que la realidad es mejor que lo que imaginábamos.
Pero no, nunca lo es.
Nunca lo será.

No podemos ser felices porque no queremos ser felices, alguien más obtiene lo que nosotros queremos y ese alguien busca lo que otro tiene. Es un círculo fatal.
"Desamor, desamor, desamor"
Nos quejamos una y otra vez, decimos que es lo peor, que no existe y que es un juego, pero no lo entendemos.
¿Qué hacemos cuando no entendemos algo? Lo odiamos.
Odiamos al amor mismo, no por lo que nos ha hecho, sino por lo que no nos hizo y lo que no nos dio.
Seguimos buscando, seguimos sufriendo.
El dolor no será suficiente porque pensamos que la próxima vez no habrá.
Nos equivocamos, sí habrá y esta vez será mayor.

Lo único que conocemos con certeza es el dolor y es probable que eso sea lo único que lleguemos a conocer.
A pesar de todo, queremos ser felices y creemos que en el amor encontraremos la felicidad.
Nos gusta mentirnos y mentir a los demás porque no sabemos amar, nos gusta jugar con las palabras y embriagar con su dulzura.
Qué más da, somos idiotas, nos gusta equivocarnos, es lo que hacemos mejor.